sábado, 20 de abril de 2013

Cuando la bomba explota en el Imperio

El 15 de abril hubo atentados con bomba, según he leído en varios medios digitales,  en Afganistán, Siria, Pakistán, Irak y, evidentemente, en Boston, Massachussets, en los Estados Unidos. En total, casi 200 vidas humanas destrozadas por la barbarie.
Pero no todas estas muertes se han tratado, informativamente, de la misma manera.
Salvo en el último caso, todas han sido “reportadas” como víctimas civiles. No son ni hombres, ni mujeres, ni niños, simplemente víctimas civiles. Algo hemos avanzado. Hace unos años hubieran sido simplemente victimas colaterales.
De las victimas de Boston sabemos sus nombres, su edad, incluso alguna foto en vida,  las historias personales de cada uno y el porqué estaban allí. Todos victimas inocentes. Datos envueltos en historias de heroísmo de los que estaban allí y se fueron a buscar a los heridos, o a los culpables a través de las imágenes que otros colgaban en la red.
De las víctimas de los atentados que tuvieron lugar fuera del Imperio no sabremos nunca nada ni de su inocencia, ni de su heroísmo, ni de su identidad, ni de sus anhelos personales. Son solo civiles. ¿Tuvieron funerales? ¿Qué se dijo de ellos?

© REUTERS/ Adrees Latif

Todavía no se ha aclarado el número de víctimas de la explosión de la fabrica de fertilizantes de West, Texas en los Estados Unidos. Tampoco se sabe nada de sus identidades, si trabajaban con contrato o sin él, si simplemente vivían o pasaban cerca de allí. Tampoco hemos tenido derecho a las imágenes en directo de la policía en busca del responsable de la fábrica. Con estas muertes no se asocia a ningún héroe.
La información, como la Justicia, no es igual para todos.

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