A nadie puede sorprender el resultado de las votaciones. Un país entregado al dictado del “todo por la audiencia” acude dócilmente, cual conejo al furtivo que en la noche le deslumbra. Por eso, no debe extrañar que gane la opción que ha contado con una plataforma propagandística en televisión a la que las demás opciones no han tenido acceso.
Cuando se propone una parodia de democracia, reducida a matemáticas de parvulario – sumas básicas y la lógica de que “y” es menor que “z”- no hay lugar para matices. El peso de lo cuantitativo aplasta cualquier otra opción por mucho esfuerzo y rigor que se ponga en su presentación.
Tampoco habrá de extrañar a los promotores de esta pantomima que, una mayoría cualitativa, no se identifique con esta representación de España y que aumente la desafección.
Sí, claro, me estoy refiriendo a la elección de Chikilicuatre para Eurovisión. ¿Alguien pensó que escribía sobre otra cosa?
1 comentario:
¡Ah, si! Y yo que pensaba que nos hablabas del Fantasma de la Opera: un tal Sébastien Tellier, creo o sería...¿la resurrección de Eugenio?
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