
El presidente de la Corporación RTVE ha anunciado que cerrará el ejercicio del 2007 con “superávit presupuestario”. Es decir que la diferencia entre los ingresos y los gastos será inferior a la compensación por servicio público fijada por el gobierno, para ese año, en 435 millones de euros.
Hacía muchos años que el máximo responsable de la radio y televisión públicas no hablaba de superávit. De hecho habría que remontarse hasta 1986, año en que cesó el más nefasto de los gestores que RTVE ha tenido, José María Calviño.
Calviño se ufanaba de los resultados del ente, llegando a afirmar que era la empresa más rentable de España. En su chulería llego a devolver al gobierno la subvención fijada en los Presupuestos Generales del Estado. Calviño liberó al gobierno de la obligación de subvencionar el servicio público, sin preocuparse por sentar las bases de una empresa que se acercaba, descapitalizada, sin controles financieros, obsoleta tecnológicamente, al fin de su estatus de monopolio. Cuatro años después de Calviño llegaron las televisiones privadas, el reparto del pastel publicitario y el primer déficit de RTVE.
Que un presidente de la radio y televisión públicas hable de superávit es, pues, motivo de alarma. Sobretodo si dicha afirmación no se sostiene en ningún análisis serio de la situación. El superávit de Fernández se consigue, sobretodo, anotando el salario de los 4150 trabajadores afectados por el Expediente de Regulación de Empleo, a cargo del histórico déficit de Ente RTVE en liquidación. ¡4150 vidas profesionales truncadas para poder hacer un discurso triunfalista!
La tele de Fernández es deficitaria en calidad, en audiencia, en servicio público, y pese al empeño en esconder su fracaso, también deficitaria en lo económico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario